Líneas caliente

Follando en las líneas caliente

líneas caliente

Mi nombre es Sara, tengo 24 años, vivo en Málaga, y soy adicta a llamar a líneas caliente. Reconozco que empecé cuando estudiaba en la Universidad a los 19 años, estuve viviendo durante unos años en un campus con un par de compañeras.

Mientras ellas se ligaban a los tíos más buenos yo ni tan siquiera me podía conformar con los más feos porque ellos pasaban de mi por algún motivo que todavía no tengo claro. No soy fea, tengo un cuerpo bastante excitante: es cierto que soy algo bajita pero tengo unos buenos pechos y un buen culo; además, me gusta el sexo cómo a nadie por lo que nunca he sabido que es exactamente lo que tengo que hace que los tíos huyan de mí.

Un día, estando muy caliente mi habitación, decidí masturbarme como suelo hacer casi todas las noches. Pero esta vez necesitaba algo nuevo, necesitaba desesperadamente a un tío o por lo menos su voz para poder correrme.

La llamada a líneas caliente fue mi solución

Todavía no estaba tan desesperada como para tener que pagar por sexo: por lo que se me ocurrió llamar a “líneas caliente”. Sólo lo había hecho una vez con mis amigas cuando tenía 16 años, por lo que sabía más o menos cómo funcionaba este tipo de servicios.

Elegí a un tío que decía estar bien cachondo y que me iba a poner a cuatro patas para poder metérmela por detrás. Yo no había encontrado nada que me enganchase demasiado, me solía aburrir demasiado pronto de todo. No sé qué tenía ese morenazo pero me puso a tono enseguida. Llegue al orgasmo de una manera que jamás habría creído posible. De hecho todavía sigo quedando con él los viernes para dar rienda suelta a mi imaginación.